Se informó de que Corea del Norte había aumentado las ejecuciones públicas tras la pandemia, y los adolescentes no fueron una excepción.
El 12 de octubre, un medio de comunicación japonés informó de que desde que Corea del Norte anunció el fin de la pandemia el pasado agosto, el número de ejecuciones públicas en el país aumentó drásticamente. El motivo de este repentino repunte presenta un mensaje claro: infundir miedo entre los ciudadanos y reforzar las medidas restrictivas contra el consumo y la difusión de contenidos mediáticos surcoreanos. Con la relajación de las barreras para viajar relacionadas con la pandemia, se percibe que los canales de distribución de tales medios se ampliarán inevitablemente.
Según el informe, aproximadamente 100 personas fueron ejecutadas públicamente el año pasado, un aumento significativo respecto al recuento habitual de unas 10 ejecuciones anuales antes del brote de COVID-19.
En diciembre de 2020, Corea del Norte promulgó una nueva ley que prohíbe ver o distribuir todo el contenido de los medios de comunicación surcoreanos, incluidos los dramas y las películas coreanos. Este año, un adolescente fue ejecutado públicamente por incumplir esta norma.
Sin embargo, no todas las ejecuciones públicas se llevaron a cabo con cargos claros. Por razones desconocidas, 7 hombres y 2 mujeres fueron ejecutados públicamente este año, según el informe.
El informe señala que hay muchos residentes norcoreanos que sufren insomnio o afasia tras ser obligados a presenciar una ejecución pública.

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